Apuntes

25 February 2009

Sobre los árboles de Palma: los Platanus hispanica

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Me piden una pequeña aportación que hable sobre los árboles de la ciudad de Palma. No quiero sustraerme a esta aportación, aunque sí quisiera advertir que mis conocimientos sobre esta materia son muy pocos. Más aún: durante muchos años desconocí los nombres de los árboles que están en la pequeña plaza donde vivo y los de las calles que cada día atravesaba varias veces para ir y volver del trabajo. Un día, ya jubilado, me dije que esa ignorancia no podía continuar, por lo que me tracé un plan para ir conociendo los nombres de las plantas de la ciudad.

No es fácil conocer los nombres de muchos árboles de Palma, pese a ser estos usuales en muchos lugares del mundo y estar en la categoría de “jardinería urbana”. Además, el Ayuntamiento, responsable de su plantación y cuidado, ayuda muy poco a que los ciudadanos los conozcamos, al contrario de otros ayuntamientos que, en su página web, informan de todas las plantas que se encuentran en su municipio, aportando planos de sus parques e indicando mediante símbolos el tipo de planta que se encuentra en ellos.

Seguir el tipo de árboles que se encuentran en las calles no sólo nos permite conocer la jardinería urbana sino también el urbanismo de la ciudad. Así, en la zona antigua de la ciudad encontramos los plátanos de sombra, también llamado plataners o plataneros, Platanus hispanica que encontramos en los antiguos paseos de la Rambla y es Born y en las cunetas de las carreteras que salían de la ciudad. Pero en cuanto nos salimos de esos recorridos, incluso en el interior del perímetro que conformaban las antiguas murallas, los tipos de árboles cambian, señal de que esas zonas ciudadanas fueron urbanizadas en otras épocas más cercanas a la nuestra. Junto con los árboles también cambia el tipo de arquitectura, mostrándonos ya formas modernistas o racionalistas. El paisaje urbano se hace distinto en cuanto salimos de la ciudad antigua y atravesamos la parte construída en la segunda mitad del siglo XX en la que los tipos de árboles son variados y de nombres muy desconocidos por la población en general.

Platanos de sombra

La noción de “jardinería urbana” nació con la Ilustración, junto con la de la salud pública. Fue entonces, en las últimas décadas del siglo XVIII, cuando se realizaron los antiguos paseos y el arbolado adquirió la figura de ser un elemento más de la urbe. No es que anteriormente no existieran árboles y plantas en el recinto ciudadano, pero no eran “cuestión pública”. Así que a finales del siglo XVIII, hay una preocupación por la “salud pública” que se interesa por los temas de las aguas residuales, por el enlosado de los suelos de las calles y, como un elemento más, por la existencia de paseos. La ciudad es vista ya no sólo como un recinto de casas, sino que empieza a tomar consistencia la existencia de ser un lugar donde la vida adquiriera un cierto nivel de salubridad. Se instalan sistemas de conducción de las aguas residuales, se intenta adoquinar las calles y que éstas tuvieran una cierta alineación y se construyen los primeros paseos. El primero que hubo en Palma estuvo fuera de las murallas. Fue el Cardenal Despuig quien propuso y pagó un paseo que iba por el Camino de Jesús hasta ses “Quatre Campanes”. Instaló hidrias decorativas y, aunque lo desconozco, plantaron árboles. Era un paseo al que se podía acudir andando, pero al que la gente importante acudía en sus carruajes y en el que hubo algún altercado.

El segundo paseo de la ciudad fue La Rambla, antiguo cauce de la Riera desviada extramuros en 1618. Posiblemente cuando se construyó, en la primera mitad del siglo XIX, propiciado por el que fue Capitán General, don Josep Maria Alòs i de Mora (Palma 1765-Madrid 1844), fueran plantados naranjos que, en 1902 - fecha en que se comenzaron a derribar las antiguas murallas - fueran sustituídos por los actuales Platanus hispanica, una especie híbrida del antiquísimo Platanus Orientalis, traído desde Persia por los romanos al Mediterráneo y la especie americana Platanus occidentalis. Y aquí entran en cuestión varias temáticas sobre las plantas. Una es la enorme importancia que tuvieron la Ilustración y las plantas traídas desde América que, desde el Real Jardín Botánico de Madrid se distribuían por toda España procurando su adaptación. Por ello, este mismo Capitán General, propulsa la creación de un Jardín Botánico en Palma en la Misericordia; al no llevarse a efecto, las plantas enviadas por el Real Jardín Botánico son llevadas a Esporlas donde un ilustrado mallorquín tiene unos campos en los que se plantan los ejemplares recibidos para ver si se adaptan al clima de las islas. Entre los ejemplares que se recibieron estaban los Platanus hispanicus. Años después, fue en las cercanías de la ciudad donde se plantaban y cuidaban las plantas traídas de fuera y que recibió el nombre de “El Vivero”, topónimo aún conservado.

Los Platanus hispanica se convirtieron en lo que se ha llamado “marcador de uso”, tipo de árbol omnipresente en los paseos, tal como los cipreses lo son de cementerios y lugares sagrados. Sus refrescantes sombras veraniegas animan los bancos de las plazas y lugares donde la gente acude y se reúne; mientras en invierno, sus ramas desnudas y finas, dejan pasar los deseables rayos de sol. Además, no ensucian los suelos como podía ocurrir con las moreras.

Borne

El tercer gran paseo de Palma es el Borne, llamado “Salón de la Princesa”, en honor de la Princesa Isabel. Descampado que había sido brazo de mar y cauce de torrente, fue iniciado como lugar ciudadano hacia 1825, aunque fue en 1833 cuando el Maestro de Obras de la Ciudad, don Tomás de Abrines, con una cuadrilla de 64 presidiarios realiza una primera gran reforma utilizando los escombros del edificio de la Inquisición. Se plantaron acacias que marcaban tres viales: una central para la “gente de altura”, otro para los ancianos y un tercero para la gente humilde; se pusieron bancos, hidrias y las esfinges llamadas “lleones”, realizadas por el escultor Jacinto Mateu. En 1834 quedó terminada la fuente de las Tortugas que commemora la jura de la Princesa. En el otro extremo, también se instaló una fuente. En 1863 se prolonga el paseo por este extremo unos 30 metros y se remata con un monumento a Isabel II, pero en esta reforma se quitan las esfinges que se almacenan hasta 1895 en que se reponen, pese a sólo ser encontradas dos de las cuatro existentes y se les recortan los pechos. A partir de 1863 el Borne se convirtió en el gran paseo de la ciudad. Gaspar Bennázar, a comienzos del siglo XX, construye varios de los edificios que lo bordean y, posiblemente fuera entonces cuando se plantaron los plátanos de sombra hoy existentes.

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