Regresión y crisis en el primer tercio del siglo XIX
Hemos de definir el comienzo del siglo XIX como un período de cambios y transformaciones en las infraestructuras de los transportes y de las comunicaciones pese a que en las Baleares este hecho no llegará a producirse hasta la década de 1830. El primer tercio del XIX, a pesar de que hubo señales de progreso, fue una época de signo negativo para las islas. Las iniciativas de la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País (SEMAP) iban dirigidas hacia la renovación de los sectores tradicionales de la economía de las Baleares
1. Para estimular el comercio y la navegación consiguieron la abolición de las leyes que dificultaban la exportación de productos agrícolas o de sus derivados industriales, abriendo el comercio con América. Crearon la Compañía de Comercio Mallorquina (1797) y favorecieron la creación del Consulado de Mar y Tierra (1800), organismo destinado a dar impulso y protección al comercio y a la navegación. Esta iniciativa impulsó el transporte marítimo y lo definió como una actividad vital para la economía de las islas.
2. La aplicación de nuevas técnicas en los cultivos tradicionales incrementó la productividad. La SEMAP potenció la plantación de nuevos árboles, como los almendros que nunca habían sido cultivados en intensivo. Introdujeron plantas destinadas a la producción industrial (la morera para los gusanos de seda y el algodón) y otras que pretendían paliar el déficit de cereales (como la patata y el arroz). Este incremento de la producción agrícola permitió la reserva de un excedente que se destinó a la exportación.
Por otra parte, el incremento de la producción de aceite estimuló la fabricación de jabón. Tanto en Palma como en la ruralía de Mallorca (Andratx) crecieron el número y la importancia de las fábricas de jabón que destinaban buena parte de la producción a la exportación. El jabón, juntamente con las reservas de alimentos, el aguardiente y el vino y tejidos, papel, pieles adobadas y zapatos eran los productos habituales en las rutas del comercio con América.
3. Las actuaciones de la SEMAP también fueron dirigidas a la mejora de la infraestructura de los transportes y las vías de comunicación. El deplorable estado de los caminos de las Baleares fue consecuencia lógica de la incapacidad administrativa para la conservación de la red viaria existente. Tanto el pavimento de las calles de los principales centros urbanos como a las carreteras les faltaba el empedrado. Contribuyeron notablemente a su deterioramiento el paso de carros “de roda plena” y otros sistemas de transporte de carga, y se planteó la necesidad de sustituírlos. La confección del primer mapa de carreteras y caminos de l isla, obra del cardenal Despuig, data de 1783 y es parte de ese espíritu de renovación.
Dos acontecimientos dificultaron este período: las guerras de la Corona Española. Primero contra la Francia revolucionaria (1793 - 1795) y después, junto a Francia, contra Inglaterra (1796 - 1805) disminuyeron el potencial marítimo de la isla que destinó su flota mercante a las necesidades bélicas. Durante este período, el comercio con las colonias quedó paralizado y las rutas de cabotaje se encontraban con la continua amenaza de los corsarios.
Por otra parte, las revueltas foráneas contra la subida de impuestos y las tasas, especialmente las que afectaban al vino (1805) llegaron a la violencia, incendiando las casas de los recaudadores en Muro, Llubí, Sineu, sa Pobla y Valldemossa. Se inició un proceso de represión que disminuyó la capacidad productiva en las zonas ricas del interior de la isla. A partir de 1808, con el estallido de la guerra contra Francia, el alistamiento de los hombres de entre 16 y 40 años agravó la situación del campo mallorquín.
Pese a estas dificultades, Mallorca se benefició de la llegada de comerciantes, industriales y artesanos peninsulares que huían de la ocupación francesa. En dos años, 1810 - 1812, Mallorca recibió unos 30.000 refugiados que duplicaron la población de Palma. El puerto de Palma acumuló el movimiento comercial de los puertos mediterráneos ocupados por los franceses. La ciudad vivió una actividad inusitada. Los precios de víveres y alquiler subieron impulsados por el aumento del consumo. La acción de especuladores y un año de mala cosecha provocaron la crisis de subsistencias y el hambre.
Una vez acabada la guerra, los inmigrantes no tardaron en retornar a sus lugares de origen. Mallorca quedó en un estado de miseria. El capital comercial había invertido los beneficios en la compra de tierras. En veinte años de guerras, Mallorca perdió más de la mitad de sus barcos mercantes. En 1778 tenía 308, la mayoría con una capacidad superior a las 30 t. En 1808 había perdido unos 190. En 1816 sólo había cuatro que atravesaban el Atlántico.
Esta situación se agravó a partir de 1820. La peste bubónica en la comarca de Son Servera (1820) y la peste amarilla en Palma (1821) significaron una disminución importante de la población. Los cordones sanitarios paralizaban los intercambios comerciales, tanto en el interior de la isla como en el tráfico marítimo.
Las guerras de independencia de las colonias americanas paralizó el comercio transoceánico. Las mercaderías dejaron de utilizar Palma como puerto hacia América y optaron por utilizar Cádiz, por lo que hubo una reducción de la capacidad naviera del comercio mallorquín
Fuente: Ferran Pujalte: “Transports i comunicacions a les Balears durant el segle XIX (1800 - 1890)” Edicions Documenta Balear. Palma. 1999
