Apuntes

26 May 2008

Los felices años 20 en Mallorca

Filed under: Patrimonio y museos

Recojo el siguiente artículo de José Carlos Llop publicado en la sección de opinión del Diario de Mallorca del domingo 25 de mayo del 2008.

La herencia fantasma

La presencia de los felices veinte en Mallorca apenas dejó huella. Es un paréntesis extraño, con personajes que aparecen en las novelas de Villalonga pululando por Génova y El Terreno y que la Guerra Civil borró del mapa y fumigó después. Como si no hubiera sucedido. Pero donde esa presencia se hizo realidad contemporánea fue en Pollença y tuvo apellidos argentinos. Me refiero a Adan Diehl -fundador del Hotel Formentor- y a Roberto Raumagé -propietario y modernizador de Sa Fortalesa-. Por eso no es extraño -el azar tiene unas reglas más complejas que las del bridge- que esta semana se haya hablado del Hotel Formentor y de Sa Fortalesa y a eso volveré después. Antes, la huella argentina y lo que hay detrás de ella: el afincamiento insular del pintor catalán Anglada-Camarasa a su vuelta de París. Fue allí en París donde su pintura, muy de cóctel a las siete y sleeping-car de madrugada, muy de joyas submarinas y femmes fatales con aficiones equívocas, cautivó a los millonarios argentinos, que le encargaban retratos y compraban paisajes que a veces se asoman en la última pintura de Barceló. Pero Anglada no sólo cautivó a los millonarios, sino también a los pintores. Tras su rastro se afincaron en Mallorca Cittadini, Bernareggi, Montenegro -si es que Montenegro era argentino, que ahora no recuerdo- y otros. Entre esos otros, ricos argentinos con vocación artística, también vinieron los citados Diehl -que compró la península de Formentor a la familia de Costa i Llobera, se dice que por quinientas mil pesetas- y Ramaugé, hijo de un médico bonaerense, y pintor muy a lo Anglada, con el que había coincidido en París.

Del Hotel Formentor se sabe y se ha escrito y ha ocurrido en él todo lo que sabemos -que sabemos mucho- y más. Siempre he sostenido que fue en sus aguas donde el Príncipe de Gales hizo suya a la futura duquesa de Windsor -aunque más acertado sería decir que fue ahí donde Wallis Simpson hizo suyo al príncipe Eduardo- y la lista de sus clientes, de Paul Morand a Winston Churchill, es tan impresionante como inacabable y más de andar por casa, un punto hortera incluso, hacia el final con, eso sí, un glorioso paréntesis literario. A finales de los 50, Cela convenció al hotelero Buadas y relanzó el nombre de Formentor de la mano de la literatura: desde Borges -que fue descubierto internacionalmente con el Premio Formentor- al famoso poema de Gil de Biedma, ya saben: ´y yo pedí,/ grité que por favor que no volviéramos/ nunca, nunca jamás a casa´. Sólo por eso, el Hotel Formentor es más que Historia. Sa Fortalesa no tuvo esa suerte. Convertida por Ramaugé en una espléndida mansión a lo Citizen Kane, el escultor José de Creeft se encargó de decorar sus jardines con un bestiario de piedra tallada estilo art-déco que fue expoliado con el tiempo y el abandono. Los jardines de Sa Fortalesa fueron los jardines de nuestro Bomarzo particular y moderno. La casa -un Manderley cosmopolita con ecos de jazz y fox-trot- el experimento truncado de una Mallorca que pudo ser y no llegó a ser nunca jamás, porque se ha acabado confundiendo aquel cosmopolitismo de entonces con el dinero de hoy. Y nada que ver, caballeros.

Esta semana, ya dije, se ha hablado en la prensa del Hotel Formentor y de Sa Fortalesa. Del primero, por la intención de sus nuevos propietarios -la cadena Barceló- de recuperar los Premios Internacionales Formentor junto con el Govern y de la mano del escritor mexicano Carlos Fuentes, cuya Zona Sagrada fue una de mis novelas favoritas de juventud. De la segunda -siempre la cenicienta del cuento- porque está en venta y es ´la propiedad más cara de España´. Como si eso fuera un valor. Resulta obvio que lo será para la mayor parte de gente, que sólo entiende ya del patrón dinero. Pero ese eslógan es una horterada que simboliza lo que va de entonces a acá en la isla. Después de haber parido a Ramón Llull queda claro que Mallorca tenía que encontrar la piedra filosofal: está bajo nuestros pies, como sabemos desde hace décadas. Ahora hemos tenido el dudoso gusto de convertir Sa Fortalesa de Ramaugé y De Creeft -lo que queda de su sueño de los felices veinte- en ´la propiedad más cara de España´. Para muchos estamos de enhorabuena, pero yo sigo dándonos el pésame: las veces que haga falta.

José Carlos Llop: La herencia fantasma

20 May 2008

El Comte Mal

Filed under: Personajes

Recojo del Diario de Mallorca del día 18 de mayo del 2008.

El Comte Mal, entre la realidad y el mito

Crónica de antaño

La leyenda del Comte Mal se propagó en Mallorca a partir de dos obras literarias escritas en el siglo XIX. La primera de ellas, titulada “La Cruz de Calatrava o el Conde Malo” fue escrita en 1839 por Juan A. Ferrer de Sant Jordi y Vives; la segunda fue compuesta por José Mª Quadrado en 1842, titulándola “Las bodas del Conde Malo”.

El origen de estos relatos sobre el malvado noble, al que se identifica con el que fuera el segundo conde de Santa María de Formiguera (siglo XVII), es desvelado por el mismo Juan A. Ferrer de Sant Jordi al inicio de su obra, advirtiendo que la fuente de donde recibió la tradición era una vieja ama de llaves que había encanecido sirviendo a su familia.

Por tanto, sabemos que entre las leyendas populares mallorquinas debió existir la figura del Comte Mal, el cual se aparecía, muerto ya, montado en un caballo verde por su finca de Galatzó o aullando desde los infiernos. Recordaba Benet Pons i Fàbregues, que vivió en Can Formiguera, es decir en la casa solariega que había sido del legendario conde, que conoció a una sirvienta, na Maria “Burot”, que por las noches oía las cadenas con que el demonio tenía atado al malvado noble. Lo cierto es, tal como explicó en su día José Ramis de Ayreflor, que la leyenda del Comte Mal no es sino una variante de otra leyenda mucho más antigua: la del Comte Arnau (lo Comte Mal), basada en unos hechos que sucedieron entorno a la figura del conde de Pallars, Arnau de Mataplana, durante el siglo XIV en Cataluña.

Leyenda que fue conocida en Mallorca ya desde la época medieval. La actitud del conde mallorquín similar con la del catalán, a pesar de pertenecer a dos épocas diferentes, provocó que el legendario Comte Mal del Principado se solapase con el de la figura del que fuera el segundo conde de Santa María de Formiguera: Ramon Zaforteza (1627-?1694). Pero ¿qué hay de cierto en todo esto?, ¿qué maldades orquestó el conde mallorquín para ganarse el epíteto de “Malo”?

Ramón Zaforteza y Pax-Fuster, de Villalonga y Net, era hijo de Pedro R. Zaforteza (1570-?1639), representante de una de las familias mallorquinas de más elevada esfera en aquella centuria. Éste último tuvo una brillante carrera militar que le supuso importantes recompensas por parte del rey Felipe III: fue nombrado Procurador Real de la Isla, Virrey de la misma y también de Cerdeña. Finalmente, Felipe IV le concedió el título de conde de Santa María de Formiguera, al mismo tiempo que le concedía la jurisdicción civil y criminal en todas las caballerías del término de Santa Margarita que ya poseía por herencia.

Y aquí empezaron los problemas. Cuando Pedro R. Zaforteza intentó imponer el dominio feudal y jurisdiccional sobre los habitantes de Santa Margarita aparecieron los primeros altercados. Cuando murió el primer conde en 1639, su hijo tenía tan solo doce años, el cual heredó esta complicada situación. Su madre, Dionisia Pax-Fuster se volvió a casar con su primo, Alberto Fuster y Pax, un hombre con fama de tener un carácter altivo, rígido y severo. Bajo la sombra de su padrastro se hizo el joven conde, dejándole gobernar sobre el patrimonio y los intereses de casa Formiguera durante su minoría de edad. En esos momentos la situación era muy delicada, debido a los pleitos y divergencias sostenidos entre los Formiguera y la villa de Santa Margarita. Dos litigios, iniciados ya por su padre, eran los que tenía Ramón Zaforteza.

El primero trataba sobre la pretensión que tenía el conde del dominio directo y cobro de diezmos de las tierras comunales de Santa Margarita; en el otro pretendía ejercer la jurisdicción civil y criminal sobre los moradores de sus caballerías en el mismo término municipal. En más de una ocasión se equivocó el joven conde, mal aconsejado por su padrastro, dejándose arrastrar por la soberbia. Esta situación propició la aparición de una serie de episodios violentos que ocasionaron la pérdida de vidas humanas en los dos bandos. Sin duda, fueron estas desafortunadas actuaciones perpetradas durante su juventud las que contribuyeron a que se le conociese, años más tarde, con el sobrenombre del “Comte Mal”.

La tensa situación sólo acabó tras la sentencia del Consejo Supremo de Aragón, que dio la razón al pueblo de Santa Margarita y tras el fallo emitido por el Consejo de las Órdenes Militares que condenaba al conde a pagar quinientos ducados y destierro del municipio “vilero”, acusado de haber mandado matar a Baltasar Calafat, Síndico Especial y Teniente de Procurador Real en la Universitat de Santa Margarita.

Tras los episodios violentos de su juventud, de los que salió mal parado, Ramón Zaforteza quiso rehabilitar el prestigio de su persona y su linaje. Para conseguirlo se consagró al servicio de Su Majestad. Levantó varias compañías militares a su costa para actuar en Cataluña. En 1653, fue nombrado Maestre de Campo y enviado a Girona, para más tarde ser nombrado Procurador Real de Mallorca.

Los años templaron “las fogosas impetuosidades de su juventud”. Fue un buen gobernante, consiguió apaciguar el Reino sacudido durante toda la centuria por las violentas refriegas entre las diferentes banderías. Reformó y amplió Can Formiguera, levantando una torre, aún hoy visible en el sky line de la ciudad, y que según la leyenda fue construida para poder observar a una joven clarisa de la que estaba enamorado.
A pesar de casarse dos veces, Ramón murió a los sesenta y siete años sin haber logrado tener descendencia. Con él acabó su Casa, pero también se inició la leyenda del oscuro caballero al que se le atribuyeron historias oscuras, jamás debió sospechar que durante generaciones sería recordado como el Comte Mal

Bartomeu Bestard: El Comte Mal, entre la realidad y el mito

Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Ian Main