Apuntes

8 November 2006

Sa Torreta: Juan de Borbón, junto al mar

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Artículo escrito por Joan Riera y publicado en el Diario de Mallorca del miércoles 8 de noviembre de 2006.

Juan de Borbón, junto al mar

Joan Riera

“Ya he vuelto a casa”, solía decir el Conde de Barcelona cuando atracaba su yate, el Giralda, en un pantalán del Club de Mar. Aquí sigue trece años después de su muerte.

Don Juan de Borbón (La Granja 1913-Pamplona 1993) era un enamorado del mar. Durante el franquismo y ya en democracia, con su hijo en el trono de España, era un asiduo de Mallorca donde llegaba todos los veranos. Aquí se reunía con los monárquicos que defendían su causa -Jorge Truyols, Sebastián Feliu de Cabrera, Jorge Dezcallar- para analizar los últimos acontecimientos políticos o para instarles a apoyar a su hijo. Aquí aprovechaba para dejar su exilio de Estoril y surcar el Mediterráneo.

Aquí sigue, varado desde 1996 en el muelle de golondrinas del paseo Marítimo, gracias a la escultura de Nassio Bayarri cuya instalación fue promovida por la Real Asociación de Cruceros de Época, organizadora de la regata de barcos antiguos que cada año se disputa en la bahía palmesana. La obra de Bayarri rompe los cánones habituales en este tipo de monumentos y nada a contracorriente. El material utilizado es el bronce sobre una peana de acero corten. Las formas del busto son cubistas. El autor huye del realismo y del academicismo tan ligados a este tipo de obras y descompone la figura para reconstruirla con láminas superpuestas y curvas.

Este palmesano estático observa los atraques de los miles de barcos de recreo que llenan la bahía en los meses de verano. Muy cerca de aquí vino a refugiarse en el verano del 74 cuando se descubrió que un comando de ETA había intentado secuestrarle en Mónaco. En estas aguas recibió en 1973 el último de sus giraldas. En este puerto solía pernoctar en compañía de su esposa. Desde su embarcación, discretamente vigilada por la Guardia Civil, se encaminaba hacia un campo de golf para practicar otra de sus pasiones.

La escultura está ubicada sobre una plataforma encuadrada por dos norays y dos anclas, que subrayan su afición a la mar. En el pedestal una inscripción sencilla: S.A.R. D. Juan de Borbón y Battemberg. Conde de Barcelona”. Encima, dos símbolos del personaje: los galones propios del almirantazgo y la corona de la Casa Real española.

Joan Riera: Sa Torreta: Juan de Borbón, junto al mar (Palmesanos estáticos X)

3 November 2006

Sa Torreta: Chopin, en la plaza de ídem

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Artículo escrito por Joan Riera y publicado en el Diario de Mallorca del viernes 3 de noviembre de 2006.

Chopin, en la plaza de ídem

Joan Riera

Frédéric Chopin (Zelazowa Wola 1810-París 1849) pasó 98 días en Mallorca entre el 8 de noviembre de 1838 y el 13 de marzo de 1839. Llegó acompañado de la escritora francesa George Sand, de Maurice y Solange -hijos de la Sand- y de una sirvienta. Su estancia en la isla se dividió entre Establiments, donde alquilaron la finca de Son Vent, y la Cartoixa de Valldemossa. Unos dicen que en la celda número 2, otros que en la número 4.

Según cuenta Aránzazu Miró en su desmitificador libro Aquell hivern de Chopin a Mallorca, “George Sand aconsegueix que tots els testimonis documentals que romanen de la seva estada mallorquina se centrin en ella”. Es sabido que el estilo de vida de la baronesa chocó estrepitosamente con la bienpensante sociedad mallorquina. El retrato de la isla que dejó en su libro Un hivern a Mallorca desató las iras de los mallorquines del siglo XIX y los intentos de rebatirla han llegado hasta el siglo XX.

Sin embargo, quien en Mallorca crea algunas de las mejores páginas de su música es el compositor polaco. Preludios -entre ellos el número 15 o de La gota de agua-, una balada, dos polonesas, un scherzo, una mazurca, dos nocturnos y una sonata.

Pero Chopin pasó desapercibido para los mallorquines frente a la personalidad arrolladora de Sand. Sólo tras la creación de la leyenda de Chopin con la que, en palabras de Miró, “s´ofereix al turista una informació, uns records i uns objectes que van més enllà de la relació que aquest mantingué amb Mallorca”, el compositor pasa a ser la figura relevante de la pareja

Convertido casi en un mallorquín de soca-rel por mor de sus 98 días de estancia en la isla, el ayuntamiento de Palma le dedicó una plaza que se inauguró el 5 de diciembre de 1988. El busto en bronce de este palmesano estático que preside el lugar es obra del polaco Mieczyslaw Welter. Parece inspirado -en la expresión, en el peinado, en las facciones- en una célebre pintura del compositor, obra de Eugène Delacroix.

Evoca a la perfección al romántico, al hombre sensible y enfermizo que murió a causa de una tuberculosis. Su cabeza se levanta sobre un pedestal de piedra con la inscripción: “A Frédéric Chopin en els 150 anys de la seva vinguda a Mallorca”.

Joan Riera: Sa Torreta: Chopin, en la plaza de ídem (Palmesanos estáticos IX)

1 November 2006

Sa Torreta: Rusiñol, en Marquès de la Sènia

Filed under: Personajes

Artículo escrito por Joan Riera y publicado en el Diario de Mallorca del miércoles 1 de noviembre de 2006.

Rusiñol, en Marquès de la Sènia

Joan Riera

O no, porque durante la mayor parte de la celebración del 75 aniversario de su muerte, el monumento que Palma dedicó a Santiago Rusiñol (1861-1931) ha estado guardado en un almacén. En plena conmemoración del autor de La isla de la calma, el espacio que la ciudad le dedicó ha sido avasallado por ruidosas excavadoras, por el trajín de los camiones y por el fango y el polvo de las obras de construcción del aparcamiento de Marquès de la Sènia.

El pintor, dramaturgo y ensayista que marcó la senda del modernismo en Cataluña retrató a pincel y pluma una Mallorca idílica. Era la isla en la que se refugiaba con frecuencia, en El Terreno o en Sóller. En la que se reunía con los intelectuales isleños en el cambio del siglo XIX al XX en Can Tomeu o en el Círculo Mallorquín. La gran repercusión turística que sus textos y sus óleos tuvieron en los años veinte animó a las autoridades de la época a dedicarle un monumento. Fue inaugurado en 1935 y estaba en una hornacina, que aún se conserva, próxima al Teatre Principal. Sin embargo, las críticas fueron feroces contra esta propuesta y 16 años después el Ayuntamiento le dedicó el monumento en la barriada de Son Armadans.

El busto en bronce es obra del escultor catalán Joan Borrell Nicolau. Muestra al polifacético artista con un frondoso bigote y unos ojos que denotan profundidad en la mirada. Está encaramado en un pedestal de dos metros de altura, que se levanta en el centro de un conjunto de tres arcos de medio punto que realzan el monumento. El diseño arquitectónico es obra de Antonio García Ruiz.

Tal vez no resulte muy adecuado incluir a este Rusiñol en esta galería de palmesanos estáticos. No en balde ha sido revocado de su pedestal, trasladado a un almacén municipal y repuesto, aunque con cambios en la imagen global del monumento. Su vida en los últimos años ha sido movida y sería difícil que firmara su celebérrimo La isla de la calma en la Mallorca de hoy o en la calle Marquès de la Sènia de hace unas semanas, cuando las obras se habían apoderado de ella. Claro que un hombre capaz de escribir “déjame vivir ilusionado que para lo que dura la vida, más vale engañarnos seriamente, y no andar en controversias”, tal vez hubiera mantenido su ilusión mallorquina.

Joan Riera: Sa Torreta: Rusiñol, en Marquès de la Sènia (Palmesanos estáticos VIII)

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